sábado, 21 de septiembre de 2013

Desaparece Cría Caballar.



Amigos y seguidores de este nuestro blog, el blog de los amantes de los caballos y de su buen adiestramiento y manejo.
Esta mañana revisando las noticias de mi país de origen (España) con sorpresa leí que el gobierno de España había tomado la decisión de suprimir varios ministerios y entre ellos el de Cría Caballar. Este ministerio que tantos servicios ha prestado a los pequeños ganaderos del país va desaparecer el próximo día 1 de Enero del año que viene.
Parece ser que el ministerio de defensa lo absorberá e intentara administrarlo como bien pueda, el problema que surge de aquí es que se destruirán empleos públicos se reducirán el número de explotaciones y paradas de sementales.
Hablando con gente de cría caballar me comentaron que es probable que los civiles que se beneficiaban de los sementales del estado van a tenerlo ahora más complicado para acceder a sus servicios, otro problema es el que surge al reducir el número de paradas públicas, este hecho aleja geográficamente a los sementales de los  ganaderos que antes por tener cerca las paradas se podían beneficiar de sus sementales.
Según lo conversado con ellos la desaparición de cría caballar también va a influir en la reducción de la cabaña equina del país y va a propiciar que los grandes ganaderos monopolicen el mercado de la cría.
Pero por el momento solo son especulaciones, veremos a partir del año que viene que es lo que ocurre realmente y qué papel va a tomar el ministerio de defensa cuando tome las riendas.
Ahora que tocamos este tema en nuestro blog voy a aprovechar para contarles un poco acerca de la historia de Cría Caballar, una historia de casi 300 años:
Desde los tiempos más remotos España ha sido un país muy interesado en la cría de caballos, ya sea para la guerra o para el transporte.
Tenemos constancia de la antigüedad de las yeguadas reales en Córdoba, también existen referencias sobre el rey Enrique II de Castilla, quien dictó algunas reglas para el registro de los caballos que se introdujeron en el Reino, prohibiéndose sacar del mismo clandestinamente equinos, só pena de severas sanciones. Felipe II continuó con esta preocupación e impidió que se trasladasen caballos de Andalucía para Castilla, formándose incluso una comisión para ocuparse de la conservación de la cría caballar.
Una política similar se desarrolló durante los reinados de Felipe III y Felipe IV.
Hacia 1818 se empezó a comprender en España la utilidad de las carreras de caballos metódicamente practicadas. Se observaron los modelos francés e inglés comenzándose a dar los primeros pasos hacia la creación de una sociedad de Fomento, análoga ala inglesa y la francesa. Desde siglos atrás hay constancia de un cierto interés por las carreras de caballos en España, tanto por parte del Estado, como gracias a las voluntades individuales de algunos entusiastas aficionados a este deporte.

Hacia 1832, el Duque de Osuna comenzó a estudiar la posibilidad de implantar las carreras de caballos inglesas en España. La primera carrera de caballos medianamente seria celebrada en nuestro país tuvo lugar en la Alameda de Osuna, cerca de Madrid, donde los duques de Osuna mantenían una importante cuadra y yeguada, en el año 1835.
Estas primeras carreras calaron hondo en el ánimo de los aristócratas; de tal manera que el 23 de abril de 1841 se creó una junta de Instalación compuesta por los duques de Osuna, Veragua y San Carlos, marqueses de Alcañices, Santa Cruz, Castelar, Perales, Casa de Irujo, Santiago, de los Llanos de Alguazas y de Terranova y D. Francisco Falcó, según reza el documento original, «con el objeto de formar una sociedad para fomentar y mejorar la cría caballar en España, convencidos todos de la necesidad e importancia de este elemento de riqueza pública».
Los estatutos de la nueva entidad afirmaban que el fin de la misma era “la mejora de las razas caballares, el estímulo de su fomento por medio de las carreras de caballos y otras actividades análogas y la divulgación de las mismas”.
Casi dos años justos transcurrieron hasta la verificación en España de las primeras carreras públicas de caballos, el 20 de abril de 1843.
El Duque de Osuna, artífice de la Instauración del turf en España, muere en 1844. Le sucede en el título de Duque de Osuna, así como en el cargo de Presidente de la Sociedad, su hermano Mariano Téllez-Girón. Este, también conocedor del desarrollo que el turf estaba alcanzando en Inglaterra y Francia a lo largo de su mandato, importa caballos y trajo profesionales de dichos países para intentar elevar el nivel de nuestras carreras.
Durante el período de 1919 y 1931, las carreras de caballos en España viven un tranquilo período de desarrollo, apoyado en el interés y afición que por las mismas muestra Alfonso XIII. El nivel de competencia por las grandes carreras es aceptable, aparece por primera vez un núcleo de aficionados y la cría empieza a desarrollarse por las líneas correctas. La Castellana y Lasarte se alternan como escenario de carreras estelares, aunque a Lasarte le cabe el honor de celebrar la carrera de mayor importancia y dotación, en términos relativos, jamás celebrada en España.
Desde un punto de vista jurídico, el 9 de diciembre de 1917 se crea la Dirección de la Cría Caballar y Remonta. Es sustituida por una Real Orden del 19 de julio de 1918, constituyéndose en el Ministerio de la Guerra la sección de Cría Caballar y Remonta. Poco después, en septiembre de 1919, un Real Decreto le da la denominación de Dirección y Fomento de la Cría Caballar en España, permaneciendo en el Ministerio de la Guerra. Una Real Orden del  5 de abril de 1921 aprueba el reglamento provisional para el régimen interior de dicha Dirección. Por último, en abril de 1925, al reorganizarse el Ministerio de la Guerra, la Dirección y Fomento de la Cría Caballar se funde con el organismo llamado Sección de Caballería y Cría Caballar, cuyo jefe es un general del arma de caballería, dividiéndose en cuatro negociados. De él depende la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar de España.
Cría Caballar sobrevivió a la guerra civil (1936/39) y tomo impulso en los años 50 con la cría y difusión del caballo de Pura Raza Española.
Hasta nuestros días ha dado excelentes servicios a pesar de las crisis de los años 70 y 90. Hasta hoy ha ofrecido en sus paradas sementales de calidad de varias razas.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Alois Podhajsky.

Amigos y seguidores de este nuestro blog, hoy en esta entrada quiero compartir con todos vosotros este maravilloso artículo que escribí y que se público este mes en México, es mi homenaje a uno de los maestros para mí más admirados: Alois Podhajsky. 


El 24 de Febrero de 1898 nacía en Mostar (Bosnia Herzegovina) Alois Podhajsky, en aquella época Mostar formaba parte del antiguo imperio austrohúngaro. El padre de Alois quiso que su hijo siguiera una antigua tradición familiar, la de servir al ejército imperial, por eso a temprana edad Alois estudio en la academia militar para llegar a ser oficial.
En la casa de la familia Podhjsky siempre hubo caballos, así que estos animales le acompañaron durante toda su vida, años más tarde Alois publico en su libro: “Mis caballos, mis maestros” fotos de su infancia en ella podemos verle de muy niño a lomos de uno de los caballos que daban servicio en su casa.
Alois se graduó en la academia militar de suboficiales y a finales de la primera guerra mundial sirvió en el ejército de caballería, apenas tenía 19 años y de aquella guerra conoció la derrota y el desmembramiento del imperio austrohúngaro al que había servido su familia con tanta lealtad.
Alois, siempre en privado, recordaba con añoranza aquellos años felices de su juventud en los que el Imperio Austrohúngaro había dado a su familia reconocimiento y a su pueblo prosperidad, lamento mucho su derrota porque también trajo reformas en el sistema militar y afecto al cuerpo de caballería.
La vida de Alois cambió mucho desde aquellos años 20 pero poco a poco fue cambiando para bien, pues siempre fue un buen jinete y destacaba en el manejo del caballo esto le permitió ser destinado a la Escuela Española de Equitación de Viena, allí Alois reconoció que se tuvo que poner al nivel de los jinetes y oficiales instructores y aprender de ellos los más profundos secretos de la equitación clásica y la alta escuela.
Tras esos años de formación Alois en el año 1936 participo en los juegos olímpicos de Berlín y gano la medalla de bronce individual en doma clásica.
En esa época, Austria en donde el servía, se anexiono de forma pacífica como parte del Reich Alemán, a pesar de ser oficial de caballería Alois nunca quiso dar su opinión sobre política ni definió claramente su postura hasta el final de la ocupación alemana.  
En el año 1939 Alois es ascendido a coronel y alcanza el título de jefe de la Escuela española de Equitación de Viena, durante esos años lucha con todas sus fuerzas por preservar al caballo Lipizzano y su sistema de cría intentando que los alemanes no trasladaran ningún semental fuera de Austria ni interfirieran en el sistema de adiestramiento y cría que se había visto inalterado desde la formación de la escuela. Gracias a este puesto de jefe en la Escuela de Viena, Alois no sirvió en el frente ni tuvo que combatir con los alemanes, también se libró de recibir de ellos ordenes que lo comprometieran políticamente.
La escuela española y sus caballos en peligro durante la Segunda Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial en la Escuela Española de Viena, apenas hubo cambios en su rutina diaria, pero a finales del conflicto en el año 1945 en Viena empieza a escasear el alimento, el nerviosismo de las tropas alemanas es evidente, todas las semanas los aviones de los Aliados bombardean Viena preparando la gran ofensiva para liberar Austria y subir hasta Berlín.
Por el Oeste y al Sur desde Italia avanzan británicos, estadounidenses y otros de sus Aliados, por el Este imparable el ejército Rojo.
Preocupado por la seguridad de la escuela y sus caballos, Alois Podhajsky evacua la mayor parte de los sementales hacia la ciudad de San Martín en la Alta Austria, las mejores yeguas del Piber Stud Federal, que era la yeguada destinada a la cría de caballos de la que se suministraba la escuela española de Viena, también son evacuadas a toda prisa.
Alois pensó que los caballos eran su responsabilidad y debía de cuidar de ellos hasta el final de la guerra, ganara quien ganara.
Fueron días difíciles, había poca comida para el personal y los animales. Como estaban en plena guerra, los refugiados hambrientos a veces intentaron robar los caballos, viéndolos como una fuente de carne.
Podhajsky frente a Patton.
Las tropas estadounidenses avanzaban ya a través de Austria, El general George Patton dirigía sus tropas a toda velocidad hacia el Norte, durante esta operación a Patton le comunicaron que los caballos Lipizzanos estaban escondidos en St. Martin.
Dio la casualidad que Patton y Alois Podhajsky habían competido en los Juegos Olímpicos, así que se conocían de aquellos días. Quizás este echo motivo que cuando Alois se entregó con sus caballos al ejército aliado, Patton escuchara su propuesta de reunirse con él para decidir cómo salvar a los caballos lipizzanos.
Después de aquella reunión los dos viejos jinetes renovaron su amistad, y Patton acepto ayudar en la medida de lo posible a Alois en su tarea de salvar a los Lipizzanos, Alois abandono así el bando alemán corriendo el riesgo de ser acusado de traidor, todo ello para asegurar su postura neutral en la guerra y la supervivencia de los caballos Lipizzanos.
Esta postura de Alois a favor de los aliados y en contra de sus antiguos oficiales le ayudo a conservar su graduación militar al terminar la segunda guerra mundial, se convirtió así en el único oficial austriaco que no fue degradado ni suspendido de sus funciones al terminar la guerra.
Alois decidió mostrar al general Patton y al subsecretario de Guerra Robert Patterson la belleza y habilidades de los caballos de la escuela española en una exhibición para ellos y sus tropas que se realizó en una pradera en el mismo pueblo de San Martín, los norteamericanos admirados acordaron colocar los sementales bajo la protección de Estados Unidos durante la duración del resto la guerra.
Podhajsky alertó a Patton de la ubicación de otro grupo de Lipizzanos escondidos. Muchas yeguas y sementales Lipizzanos habían sido robados por los alemanes de la yeguada estatal de Piber y habían sido enviados a Hostau, en Checoslovaquia (hoy República Checa). Hostau quedó bajo las líneas soviéticas, estaba muy cerca del frente pero no estaba aún dominado por los soviéticos. Oficiales alemanes capturados, ofrecieron detalles a los miembros del Ejército de Estados Unidos sobre el paradero de los caballos de Hostau.
El capitán Ferdinand Sperl, pidió a los estadounidenses  que rescataran a los caballos antes de que cayeran en manos de los soviéticos, porque se temía que serían sacrificados para carne que consumiría el ejército rojo.
Patton pensó rápidamente y el 28 de abril de 1945, ordeno al coronel Charles H. Reed, con los miembros de las tropas A, C y F del 2 º Regimiento de Caballería, que llevaran a cabo una incursión tras las líneas soviéticas, aceptaron la rendición de los alemanes de Hostau, que aún resistían al avance ruso y evacuaron los caballos. Este acto de valentía de Patton podía haber causado un grave incidente diplomático entre las fuerzas rusas y los aliados, por suerte quedo en una anécdota sin importancia pues los oficiales rusos no valoraban tanto los caballos.

Los Lipizzanos fueron reubicados en Wels, entonces Wimsbach, en la Alta Austria en una zona segura lejos de la influencia rusa.

Después de la guerra, los sementales Lipizzanos finalmente regresaron a Viena en el otoño de 1955.

 Alois Podhajsky más tarde escribió acerca de estos acontecimientos en sus memorias y años más tarde este episodio junto a Patton se convirtió en una película llamada: "Operación Cowboy" (1963) de Walt Disney Studios, con el actor Robert Taylor interpretando al Coronel Podhajsky.

A Alois Podhajsky se le recuerda por salvar a los Lipizzanos, preservando su historia después de la guerra, también por su dedicación a la promoción de la doma clásica y sus contribuciones en la Escuela Española de Equitación de Viena en la que permaneció hasta su jubilación en 1965.

Dejo escritos varios libros y se dedicó a promocionar espectáculos con caballos lipizzanos por todo el mundo. Entreno y ayudo a muchos jinetes de doma clásica durante toda su vida.

Yo he leído dos de sus libros, el que más me emociono fué el de "Mis maestros, mis caballos" porque nos acerca el lado más humano de uno de los hombres más respetados de la historia de la equitación. 

Estudiando su obra he aprendido que Alois no era partidario de los métodos de la escuela francesa, ni los de Fillis (Inglaterra) aquí una vez más compruebo que hasta bien entrado el siglo XX no se ha conseguido unir lo mejor de las dos escuelas, la centro-europea más pura que representaba Podhajsky y la francesa de tanta influencia en Portugal, Italia y España. Estas técnicas resultantes han creado las bases de las técnicas con las que ahora montamos los jinetes de doma clásica actuales, pero han sido fruto de años de evolución basándose en la tradición adaptada a estos tiempos modernos.

Alois murió en 1973 de una apoplejía en Viena, Austria.

Alois nos dejó frases tan profundas como estas:

" Debemos vivir para la escuela. Ofrecer nuestra vida a élla. Entonces, tal vez, poco a poco, la luz de la pequeña vela encendida que mantenemos aquí con el arte de la alta escuela, nunca  se apagará".

“De todas las artes, el arte ecuestre es lo que está más cerca del arte de vivir, porque todo lo que nos enseña es directamente aplicable a la vida misma”. -Alois Podhajsky